Mi camino con el Yoga

Mi camino con el Yoga

Mi camino con el yoga no comenzó porque quisiera convertirme en instructora.

Comenzó porque mi cuerpo me llevó hasta él.

Hace algunos años empecé a enfrentar problemas con mi columna. El dolor y las limitaciones comenzaron a cambiar la manera en que veía mi cuerpo y también la manera en que vivía mi día a día.

Fue entonces cuando el yoga llegó a mi vida.

Al principio, no sabía hasta dónde me llevaría este camino. Comencé buscando una forma de mover mi cuerpo, fortalecerlo y sentirme mejor, era un constante dolor en mi espalda baja hasta llegar el punto de sentir adormecida mi cadera y el constante analgesico que debia de tomar para aminorar el dolor. Pero poco a poco descubrí que el yoga era mucho más que hacer posturas.

El yoga me enseñó a respirar.

A escuchar.

A tener paciencia.

A respetar mis límites.

Y, sobre todo, a entender que mi cuerpo no tenía que ser perfecto para poder disfrutar del movimiento.

Con el tiempo, mi práctica fue creciendo y también creció mi conexión con el yoga. Lo que comenzó como una búsqueda personal se convirtió en una parte importante de mi vida y, posteriormente, en el deseo de compartir esta práctica con otras personas.

Pero mi historia no terminó ahí.

Mi cuerpo continuó cambiando y, en los últimos años, apareció un nuevo reto: la fibromialgia.

Y nuevamente tuve que aprender.

Tuve que aprender que no todos los días son iguales. Que hay momentos en los que puedo hacer más y otros en los que necesito detenerme. Que escuchar al cuerpo también es una forma de practicar yoga.

Mi práctica tuvo que transformarse conmigo.

Y quizás ahí comenzó una de las etapas más profundas de mi camino.

Porque entendí que el yoga no se trata de exigirle al cuerpo que llegue a algún lugar.

Se trata de aprender a estar presente en el cuerpo que tenemos hoy.

Este blog nace para compartir ese camino.

Quiero contar mi experiencia desde aquellos primeros problemas de columna hasta esta etapa de mi vida, pasando por todo lo que el yoga me ha enseñado dentro y fuera del tapete.

Hablaré de mis aprendizajes, de los cambios en mi práctica, de los días buenos y de los días difíciles, de la respiración, de la relajación y de cómo he aprendido a acercarme al yoga de una manera más amable.

No escribo desde la perfección.

Escribo desde la experiencia.

Desde un cuerpo que ha cambiado.

Desde una mujer que sigue aprendiendo.

Y desde el deseo de compartir algo que ha sido importante en mi vida.

Porque hoy entiendo que mi camino con el yoga no ha sido solamente aprender posturas.

Ha sido aprender a conocerme.

A escucharme.

A aceptarme.

Y a tratarme con más amor.

Por eso quiero comenzar esta historia con las palabras que hoy representan mi manera de vivir y de compartir:

Con Amor.

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