Aprendí a escuchar mi cuerpo

Una historia de paciencia, aceptación y amor propio

Durante mucho tiempo pensé que tenía que seguir adelante, incluso cuando mi cuerpo me pedía una pausa. Como muchas personas, aprendí a cumplir con mis responsabilidades, atender a los demás y continuar con mis actividades, aun cuando sentía dolor o cansancio.

A veces creemos que ser fuertes significa aguantar, no detenernos y hacer todo lo que nos proponemos, sin importar cómo nos sentimos. Sin embargo, con el paso del tiempo comprendí que la verdadera fortaleza también consiste en reconocer cuándo necesitamos descansar, cambiar el ritmo y prestarnos atención.

Mi camino con el yoga me enseñó que mi cuerpo no era un enemigo al que tenía que vencer. Era una parte de mí que necesitaba ser escuchada.

Cuando el cuerpo comienza a hablar

A lo largo de mi vida, mi cuerpo ha atravesado diferentes etapas. Desde muy joven tuve que aprender a convivir con un problema en mi columna y con el dolor. Años después, cuando descubrí el yoga, encontré una manera diferente de relacionarme conmigo misma.

El yoga me abrió una puerta hacia el movimiento consciente, la respiración y la conexión entre mi cuerpo y mi mente. Poco a poco comprendí que no se trataba de hacer las posturas perfectas, sino de descubrir cómo me sentía mientras las practicaba.

Más adelante, al enfrentarme a la fibromialgia, tuve que volver a aprender. Mi cuerpo ya no respondía siempre de la misma manera. Había días en los que podía realizar ciertas actividades y otros en los que necesitaba bajar el ritmo.

Fue entonces cuando entendí algo importante: no todos los días tenemos la misma energía, y eso no significa que estemos fallando.

Aprender a respetar mis límites

Aceptar que mi cuerpo tiene límites no ha sido un proceso de un día para otro. A veces todavía aparece esa voz interior que me dice que debería hacer más, que podría esforzarme un poco más o que descansar significa perder el tiempo.

Pero he aprendido a hacerme preguntas diferentes:

  • ¿Cómo me siento realmente hoy?
  • ¿Tengo energía para realizar esta actividad o necesito adaptarla?
  • ¿Estoy haciendo esto porque mi cuerpo lo necesita o porque siento que debo hacerlo?
  • ¿Puedo darme permiso para descansar sin sentir culpa?

Estas preguntas me ayudan a detenerme y observarme con más compasión.

He comprendido que escuchar mi cuerpo no significa dejar de hacer cosas ni renunciar a mis objetivos. Significa encontrar una manera más consciente de avanzar, reconociendo que mis necesidades pueden cambiar de un día a otro.

Hay días para moverme, días para respirar profundamente y días para simplemente descansar.

Todos forman parte de mi camino.

El yoga me enseñó a escuchar, no a competir

Una de las enseñanzas más valiosas que he encontrado en el yoga es que cada cuerpo tiene su propio ritmo.

No necesito compararme con la persona que está a mi lado, con lo que podía hacer hace unos años ni siquiera con lo que logré hacer ayer. Mi práctica puede ser diferente cada día, y aun así tener un gran valor.

En ocasiones, una práctica de yoga puede consistir en realizar movimientos suaves. En otras, puede ser sentarme cómodamente, observar mi respiración o dedicar unos minutos a la meditación.

He aprendido que no necesito forzar una postura para demostrar que estoy avanzando.

Mi práctica tiene valor cuando me permite conectar conmigo misma, no cuando me obliga a superar mis límites.

Esta manera de entender el yoga también ha influido en la forma en que deseo compartirlo con otras personas: desde el respeto, la paciencia y la posibilidad de adaptar la práctica a las necesidades de cada cuerpo.

Hacer las paces con mi cuerpo

Cuando vivimos con dolor o cansancio, puede ser difícil aceptar que nuestro cuerpo no siempre responde como quisiéramos. Podemos sentir frustración, tristeza o incluso enojo.

Creo que es importante permitirnos sentir esas emociones sin juzgarnos.

No todos los días tenemos que encontrar una enseñanza positiva en lo que vivimos. Algunas veces simplemente necesitamos reconocer que estamos atravesando un momento difícil y tratarnos con amabilidad.

Para mí, aprender a escuchar mi cuerpo también ha significado dejar de exigirle que sea siempre el mismo.

Mi cuerpo ha cambiado, mis necesidades han cambiado y mi manera de practicar yoga también ha cambiado. Eso no borra lo que he aprendido ni disminuye mi capacidad de seguir creciendo.

Al contrario, me ha enseñado a conocerme de una manera más profunda.

Hoy intento recordar que mi cuerpo me acompaña en cada etapa de mi vida. Merece atención, cuidado y respeto, incluso en aquellos días en los que no me siento bien.

Un pequeño ejercicio para escucharte

Te invito a regalarte unos minutos. No necesitas experiencia en yoga ni realizar ninguna postura especial.

1. Encuentra una posición cómoda.
Puedes sentarte en una silla, recostarte o permanecer en una postura que te resulte agradable.

2. Lleva tu atención a la respiración.
Respira con naturalidad, sin intentar cambiar ni controlar tu respiración. Observa cómo entra y sale el aire.

3. Recorre tu cuerpo con atención.
Observa si notas tensión, cansancio, comodidad o alguna otra sensación. No necesitas corregir nada ni buscar una sensación específica. Simplemente reconoce lo que está presente.

4. Pregúntate qué necesitas hoy.
Tal vez necesites movimiento suave, una pausa, tomar agua, pedir ayuda o descansar. Date un momento para considerar qué podría ayudarte.

5. Regálate una palabra amable.
Puedes decirte en silencio: “Hoy voy a escucharme con paciencia. No necesito exigirme más de lo que puedo dar.”

Recuerda que este ejercicio es una invitación a conectar contigo, no una obligación. Si alguna posición o sensación te produce dolor o malestar, puedes cambiarla o detenerte.

Hoy elijo escucharme con amor

Mi camino continúa. Todavía hay cosas que aprendo, días que me sorprenden y momentos en los que necesito recordar todo lo que he descubierto.

Pero hoy sé que no tengo que demostrar mi fortaleza ignorando mis necesidades.

Puedo ser fuerte y descansar. Puedo tener metas y avanzar despacio. Puedo cuidar de los demás sin olvidarme de mí misma.

Y, sobre todo, puedo aceptar que escucharme es una forma de amor propio.

Si algo me ha enseñado el yoga es que siempre podemos volver a nosotros mismos, una respiración a la vez.

No se trata de tener el control de todo lo que sucede en nuestro cuerpo, sino de aprender a acompañarnos con mayor conciencia, paciencia y compasión.

Porque cuando comenzamos a escucharnos de verdad, descubrimos que cuidarnos no es un acto de egoísmo: es una manera de honrar nuestra vida.

Con Amor,
Marcela 🌿


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